¿Recuerdas la frase aquella de "no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes"? ¿La recuerdas?
Te han estado mintiendo toda la vida. Esa es la escusa de los cobardes que han dejado escapar de sus manos lo mejor que les podría haber pasado. Que no han tenido el valor de ir tras ello, de perseguir sus sueños hasta agotar cada parte de su cuerpo.
¿De verdad te vas a dejar aconsejar por ellos?
Ellos que no saben del amor más que cómo se dan los besos y se dice un te quiero en voz alta. Ellos que no han vivido mil noches en vela perdidos en la oscuridad de una habitación que les vaciaba el alma al no ofrecerles tu compañía.
¿Qué sabrán ellos del amor? Si no te han visto sonreír, no han visto como se te formaban esos hoyuelos tan preciosos que tienes. No han visto tus miradas cuando te sientes perdida e indefensa, cuando estás derrotada y tus ojos suplican que alguien te abrace y tus labios se niegan a soltar una palabra.
¿Qué sabrán ellos? Ellos, que no han pasado días enteros observándote, viendo como tu respiración, incluso, es perfecta. Ellos que son los mismos que dicen "si amas a alguien déjalo ir". Cobardes. Nadie sería capaz de dejarte ir si estuvieras entre sus brazos, desprendiendo ese olor a melocotón. Nadie.
Claro, es más fácil volver a empezar de nuevo que tener que enmendar los errores pasados, es más fácil crear confianza que hacerla renacer. Claro. Pero no podrían soportar verte partir. No soportarían el dolor que supone ver tu figura empequeñecer hasta desaparecer.
No lo soportarían. No lo soportaría.
Tal vez yo no sea un experto en el amor, tal vez no tenga experiencia alguna y sea un patoso. Pero mi amor es más puro que cualquier otro. Yo no quiero acostarme contigo, yo quiero verte despertar a mi lado. Yo no quiero un beso tuyo, quiero que mi ropa huela a ti.
Quizá esta sea la tontería más grande que te han dicho, quizás escojas al capullo que te hará feliz durante unos meses. Yo seguiré aquí, esperando encontrar mi reflejo en tus ojos, esperando a darte ese café con leche por las mañanas que tanto te gusta, con una pizca de cacao, aquel que me dijiste un día que te tomas cada mañana apoyada en el marco de tu habitación, observando los coches pasar, la vida pasar...
Creo que pensabas que no te estaba escuchando cuando lo dijiste, estás tan acostumbrada a hablarle al vacío, pero lo hacía, no entiendo como no se inician guerras por escuchar tu melódica voz, por unas palabras tuyas que lleguen a los oídos y llenen corazones.
La gente no te entiende porque son todos unos cobardes que no serían capaces de luchar por ti, serían capaces de dejarte escapar creyendo que así te aman más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario